¿POR QUÉ EL PÚBLICO DE HOY ES TAN IRASCIBLE?

Ira: repetición de actos de enfado o venganza.

Es la definición más común que encontramos a una de las palabras de moda en nuestra época.

Si bien la globalización ha traído tendencias fabulosas y conceptos diferentes sobre la forma de hacer las cosas, vemos que también trae consigo aspectos que no son considerados “buena onda” por la comunidad en general.

Los nuevos hábitos traen consigo nuevas oportunidades de aprender. De igual manera, las nuevas inclinaciones hacen que nuestra forma de actuar se adapte a las circunstancias que el mundo nos trae. En mismo sentido, las actitudes que tenemos frente a personas nuevas ha cambiado; antes, conocer a una persona era todo un “ritual”, ya que la comunicación no pululaba. Hoy, solamente con un simple saludo, puedes iniciar una conversación que puede durar minutos e incluso horas.

Con esos nuevos cambios, también vino algo que desestimula la comunicación; la desconfianza. Hoy día, las personas confiamos poco en seres que a los ojos del público son ídolos, pero que, a nuestros ojos, intentan manipularnos y hacer que nos comportemos de una forma singular, e incluso, incitarnos a que probemos un producto en particular.

La variabilidad en la conducta de las personas es inherente al proceso de adaptación al nuevo siglo. Con el auge de las redes sociales y la transmisión en vivo, muchos de nosotros queremos mostrarle al mundo que las cosas suceden tal como son; sin filtros (ojalá que sin los filtros melodramáticos de Snapchat).

Ante un mal comentario, viene una oleada de críticas. Ante una ofensa pública, se viene un tsunami de reprobación inmediata. Ni qué decir de los actos que nos generan indignación; con el sólo hecho de mostrar un maltrato hacia una persona o animal, lo menos que le podría pasar es una citación ante las autoridades competentes para responder por aquel acto indebido.

El mundo moderno viene sin tamiz: funciona como una urna de cristal en la que personas, comunidades, instituciones y empresas se muestran a la luz pública en su estado normal.

De hecho, esto mismo ha causado millones de “discusiones absurdas” por temas sencillos. Y es por un factor, que junto con la globalización ha llegado a nuestro ciclo actual: LA IRA.

Por naturaleza, el ser humano busca refugiarse en un ecosistema seguro, en donde pueda encontrar garantías de certidumbre y algo de confort. A medida que la humanidad ha evolucionado, se ha acrecentado la capacidad de adaptación a estaciones temporales. Pero, en una relación directamente proporcional, ha crecido la frustración. Saber que se puede encontrar una solución a los problemas del hambre y no poder hacer nada, es frustrante. Saber que hay métodos para castigar a personas que violentan animales y no poder ayudar, es frustrante. Entender que somos seres diferentes, pero no poder controlar los instintos hacia ciertas preferencias y disgustos, es peor de frustrante. ¡Y la frustración genera ira!

A veces, las personas no somos capaces de controlar nuestros impulsos y simplemente actuamos bajo instinto.

Veamos algunos ejemplos para aclarar un poco el tema:

Chevrolet, marca reconocida en el mundo entero por sus coches de calidad y tradición, sufrió un golpe a su reputación cuando los modelos captiva 2012 se averiaban si permanecían en un cambio por más de ciertos minutos. Al lanzar un comunicado a la comunidad en general, en donde llamaban a revisión a los carros vendidos, las redes sociales fueron la plataforma para que las personas, decepcionadas por la compra que habían hecho, alzaran su voz de descontento y reclamaran garantías por el costo del vehículo que habían adquirido.

Por la misma vía encontramos a Volkswagen, quien hace un par de meses comunicó a la audiencia en general que necesitaban verificar algunos modelos recientes, ya que habían adulterado las pruebas de emisión. Otra jugada que les costó varios tras pies, inclusive la caída de varios puntos en bolsa.

En un sector más “familiar” encontramos a Samsung. La empresa surcoreana que ha sido líder en su categoría junto con el otro gigante Apple, tuvo un tremendo golpe a su imagen; y es que recientemente tuvieron que pedir a los clientes que compraron el Galaxy note 7 que los llevaran a revisión. La ola de comentarios negativos, reprobaciones y vituperios fue monumental. Al igual que las marcas nombradas anteriormente, tuvo un gigantesco bajón en bolsa, e incluso, se vaticina nuevos movimientos y reestructuración de la compañía.

Estos son algunos ejemplos en donde la ira de las personas fue el protagonista principal. Con justa razón, la comunidad elevó su voz de descontento, ya que sentían que los recursos invertidos en los productos fueron “botados a la basura” (quien no pensaría en eso con el elevado precio de un Galaxy 7)

En un plano razonable, es bien visto hacer este tipo de actos hacia las compañías. Pero, ¿Qué pasa cuando alguien alega solamente porque no le gustó el punto de vista de una persona y quiere imponer su criterio a como de lugar?

Fue lo que me pasó recientemente.

Desde hace un tiempo, tengo deseos de tener un cachorrito Beagle. Lastimosamente, he buscado en fundaciones y corporaciones para adoptar uno, pero no he encontrado esa raza.

Hablando con una miga que tiene uno de 2 años, me dice que le está buscando hembra para monta. Le propuse que, si le ayudaba a conseguir la perrita, me regalaría uno, a lo cual, gustosa dijo que sí. Me puse en la tarea de adherirme a comunidades Beagle en redes sociales, y poner el “clasificado”. Me demoré más en subir la foto con el mensaje que en recibir una AVALANCHA de improperios, críticas y abucheos.

Entiendo que la proliferación de animales callejeros se ha convertido en un problema de salud pública. Pero, también HAY QUE ENTENDER que cuando una persona habla o escribe algo, hay que CONOCER sus razones y NO JUZGAR solamente por lo que la experiencia ha brindado.

Es bien sabido que cada vez más personas abandonan sus perritos, y estoy en desacuerdo con ello. Lo que se me hace inaudito, es que CRUCIFIQUEN y prácticamente ACRIBILLEN a una persona solamente por poner un anuncio que decía “busco una perrita para monta”.

Al igual que las personas, las empresas han tenido la misma sensación de injusticia como la que tuve hoy. Los clientes hablarán bien y hablarán mal de nosotros. Una respuesta aireada va condicionada a una variable negativa que causó frustración en una situación. Los reclamos están a merced del día; compras, garantías, desechos, violaciones de derechos, estafas, etc.

Hoy no hago mucho énfasis en el paralelo mercantil con el que he caracterizado este blog: hoy escribo desde el punto de vista de una persona que, sabiendo lo heterogéneo que es el mundo, no comprende la razón por la cual las personas juzgan, agreden e incluso DESTROZAN la moral y dignidad de alguien solamente porque “creen” que están haciendo lo incorrecto.

Como persona, siento que debemos seguir avanzando hacia la tolerancia. Mientras que la gente no respete la opinión de los demás, seguiremos siendo un país lleno de odio, rencor y resignación.

Como consumidor, considero que tenemos derecho a reclamar, pero en ocasiones, es por nuestra propia voluntad que caemos en ese tipo de errores: no leemos que la promoción caducó hace días; tampoco nos percatamos que las promociones no tienen devolución; ni mucho menos, que el vuelo que teníamos previsto no lo podemos cambiar porque la fecha límite para hacerlo se nos pasó por alto.

Así que, seamos conscientes y no le echemos la culpa a los demás, que en esta vida, cada quien es culpable de sus errores y artífice de su éxito.

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