CARTA ABIERTA A MI AMIGO TAXISTA

 

Señor conductor,

Sé que las cosas no marchan bien en el sector, debido a la llegada de un competidor tan fuerte como UBER, pero le pido encarecidamente que dedique 3 minutos de su tiempo mientras que está parqueado esperando que le salga carrera, o si se encuentra esperando en el trancón de la autopista o si simplemente va jugando Pokemon Go mientras que conduce.

En los últimos meses, el país ha tenido una verdadera batalla económica, jurídica y hasta campal en el sector transporte. Es bien sabido que el gobierno actual no es que sirva de mucho, pero por lo menos intenta regular (a su manera) la situación de complejidad que se presenta para que los más favorecidos sean algunas empresas, gremios, clúster y privados, pero NUNCA, léalo bien, JAMÁS en la vida, el consumidor final.

Hemos visto muchos casos que decepcionan la opinión pública, pero algo que me llamó la atención y me dejó perplejo es la conducta por la cual el gremio de los amarillitos protesta.

Se me hace INAUDITO que en pleno siglo XXI se promueva una “CACERÍA”  a “carros blancos” simplemente por sospecha, porque creen que son un UBER y lo detienen para “hacer justicia por su cuenta”. ¡Lamentable hecho! Pero más lamentable aún, el hecho que, habiendo detenido el vehículo, OBLIGUEN a los pasajeros que se encuentran en su interior a BAJARSE y coger un TAXI (amarillo) PARA QUE ESTE LO LLEVE A SU DESTINO, ya que ellos SÍ ESTÁN AUTORIZADOS según la ley.

Revisemos un poco la tal mencionada ley.

La ley 105 de 1993 menciona: “Por la cual se dictan disposiciones básicas sobre el transporte, se redistribuyen competencias y recursos entre la Nación y las Entidades Territoriales, se reglamenta la planeación en el sector transporte y se dictan otras disposiciones” Hasta ahí, todo normal. Lo que no menciona el gremio taxista, es que si revisan el año en que fue decretada la ley, la situación actual es demasiado diferente, ya que, hace 23 años, el país no contaba con aplicativos móviles y mucho menos con una tecnología disruptiva como lo es UBER.

Ambas partes tienen razón: el gobierno expidió el decreto 1079 del 2015 Que menciona a UBER como una plataforma que “no cumple en su totalidad los reglamentos” pero en ningún lado menciona a la empresa como ILEGAL. El gremio de los amarillos ha etiquetado la plataforma como una empresa PIRATA, ILEGAL  y que va en contra de los principios económicos.

Por otro lado, es bien sabido que UBER ha sido expulsado en varios países (España, Nueva Delhi, Portland, Nevada, Tailandia…) razón por la cual se ha hecho más fuerte en el resto de naciones que funciona, defendiendo su derecho comercial e intentando adaptarse a las leyes de cada país al que llega. De hecho, su más reciente jugada es algo que se cataloga como “el colmo del descaro” ya que comenzará a brindar la opción de pagar en efectivo, siendo que la facturación de ellos ni siquiera pasa por territorio colombiano.

Pongamos un ejemplo: una tarifa promedio de UBER cuesta $12.000. Al mes realizan en promedio 1 millón de servicios; eso nos da la suma de $12.000.000.000. Multiplicado ese monto por los meses del año (12) nos da $144.000.000.000. Si convertimos eso a dólares, vendría siendo algo más de US$48 millones. De ese monto, UBER se apropia del 25% de cada servicio que presta, obteniendo una ganancia neta por el orden de los US$12.000.000 netos, ya que las transacciones que realizan pasan directamente a su matriz financiera que está ubicada en Holanda, evadiendo impuestos y dejando en duda su situación jurídica y financiera.

Viendo cada punto de vista, algunos dirán: “esos de UBER son unas chandas, como es posible que no paguen impuestos” mientras que otros mencionan cosas como “oiga, pero esos taxistas tiene huevo, como van a destartalar un carro de esa manera, que salvajes!!”

Y esto no es todo: en entrevista con Bluradio, el máximo representante del gremio taxista, el señor Hugo Ospina, declaró que se siente preocupado por la situación actual. Néstor Morales, director del programa Mañanas Blu, lo cuestionó sobre el compromiso que los taxistas deberán tener si la nueva reglamentación del gobierno se hace efectiva. Esta fue su respuesta.

“nosotros el gremio taxista, nos comprometemos a prestar un excelente servicio de calidad”.

-“si señor Hugo, pero díganos ¿Cuáles son los compromisos de los taxistas?

-“ya le dije Néstor, nos comprometemos a seguir prestando un excelente servicio”.

Válgame dios!! ¿Desde cuándo entregar un servicio realmente satisfactorio al usuario es un compromiso? ¡Por favor señores! La promesa básica de valor de un producto o servicio es un ATRIBUTO INHERENTE AL MISMO. Las compañías o representantes de las mismas que se ufanan de expresar que su empresa “se diferencia de las demás” por prestar un servicio efectivo están apuntando donde no es. (Por no decir que están haciéndolo fuera del tiesto) El servicio al usuario o cliente es lo MINIMO que debe garantizar la empresa para que la compra sea una verdadera experiencia satisfactoria.

Continuando con la entrevista…

Néstor Morales: “Hugo, ¿ustedes no le echan un Vistazo a las redes sociales? La gente está inconforme con el servicio que prestan algunos taxistas, y digo algunos, porque la mayoría son personas agradables”

Hugo Ospina: “Néstor, es que las personas deben acercarse ante las autoridades competentes y denunciar”

Digo yo una cosa: de qué le sirve quejarse el ciudadano que día a día sale reventado de su trabajo y lo único que desea es llegar a casa rápido, si cuando estira la mano para parar un taxi y este, en vez de recibirlo (a) con la puerta abierta, le pregunta: “¿para dónde va?” y si la respuesta no le conviene, simplemente dice “YO POR ALLÁ NO VOY” y sigue su camino.

De qué le sirve al ciudadano promedio ir ante la fiscalía o procuraduría a instaurar el respectivo proceso, siendo que esas entidades se ocupan de casos de otra naturaleza. Es más, si voy a una estación de policía más cercana, ¿qué pasaría? Pues sencillo, un caso más de mal servicio!!

El mundo cambia constantemente, y si no me dirijo a una instancia policial, es porque no confío y expreso mi malestar en las redes sociales. Ese es el pensamiento de la mayoría de colombianos y por eso nos “desahogamos” en estos sitios.

La tendencia de hoy es que las empresas tengan su espacio en la mayoría de redes para que estén prestos a los comentarios de quienes “le dan la papita” o sea, sus clientes; y son ellos, quienes exigen nuevas garantías y nuevas formas de atención para que no pase batallas campales como las que estamos viviendo

¿Qué tal que yo cogiera a mis clientes de las greñas y los saque a patadas de las instalaciones de mis competidores? ¿Qué tal que yo como empresario, cometo actos indebidos sólo por “sospecha” porque mi competidor esté ganando más? Qué tal si yo tuviera una cafetería y veo que al poco tiempo me “montan competencia” al frente y observo que mi clientela se va a tomarse su cafecito con pan de bono todas las mañanas; ¿Salgo con la escopeta y enciendo a bala el establecimiento sólo porque me está haciendo un mal? O, ¿de pronto lo enciendo a piedra porque no me cae bien?

La competencia es buena porque resalta los atributos de valor de cada compañía y exige  demostrar quién es el líder de cada categoría, hecho que el cliente percibe como satisfactorio. Si mis clientes se van, es porque realmente algo estoy haciendo mal, y en vez de buscar desesperadamente un ataque, debo analizar el contexto y debo actuar de inmediato para ocupar nuevamente mi posición de mercado y gozar de las bondades que alguna vez tuve.

La mayoría de conductores de taxis son personas cuyo servicio es especial. En verdad se preocupan porque sus usuarios se sientan bien y hacen una charla amena en el transcurso del viaje. Pero, la realidad muestra que las personas del común estamos cansados por los atropellos que una minoría hace y le resta credibilidad al gremio.

Las acciones originales y diferentes marcan la diferencia, y UBER ha sacado todo el provecho consintiendo realmente a sus clientes. Por eso, como diría David Gómez: “el precio es una relativa percepción de valor”. Vale la pena pagar un poquito más, pero recibir un trato en donde me siento como una verdadera persona, no como una mercancía que me significa unos pesos de más.

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