EL REINO DE LA INTOLERANCIA

Irónicamente, en un mundo dónde nuestros dirigentes y la misma población civil se encarga de velar por la sana relación entre los humanos, prima en los medios de comunicación las malas noticias: riñas, discusiones, agresiones, maltrato, conflictos bélicos, secuestros, y guerras, se convierten en el pan del día a día de la prensa.

Y no sólo es lo que vemos, sino lo que vivenciamos cada uno de nosotros. Según el Observatorio de familia del Departamento nacional de Planeación, en conjunto con el ICBF, el 68% de los hogares colombianos pasa con una mala convivencia; el 76% de los niños entre los 4 y 14 años han tenido un episodio de Bullyng y otro porcentaje no tan halagador (90% de los colombianos) ha tenido una disputa (incluido malas palabras, humillación e incluso yéndose a los tiestos) en el último año.

Los ejemplos los vemos a diario:

La señorita que atiende detrás de un mostrador con una cara de haber probado un limón bien ácido…

Los “asesores” que evidencian que una persona que acabó de entrar a la tienda desea comprar, pero, no sabe qué escoger y necesita asesoría que nunca recibe, ya que piensan que el señor es un “banano” y no va a comprar nada.

Los responsables de un hogar que no se sienten satisfechos con sus ingresos económicos y forman una atmósfera negativa e impregnan a cada miembro con su energía creyendo que todo estará peor.

Para ejemplificar más, uno que vemos frecuentemente. El señor de la buseta que conduce como salvaje por las calles y de repente un taxi que está delante de él no arranca, estando el semáforo en verde. De repente, el noble y respetado conductor de la buseta le expresa sutilmente su reclamo: “OIGA CARECHIMBA, ¿ES QUE ACASO NO SABE MANEJAR? ¿LE SALIÓ EL PASE EN UN TAMAL O QUÉ?”

A lo que el sumiso y subyugado taxista, quien no está acostumbrado a este tipo de trato ofensivo y soez responde: “AAA… ESTA GONO#$”&%… ¿QUÉ LE ESTÁ PASANDO LLAVE? ¿QUIERE QUE LO LEVANTE PERRO?

Ni qué decir del final de la escena, siendo que se insultan por no más de un minuto y cada quién sigue su rumbo (obviando que son PERSONAS que transportan PERSONAS)

Si fuera otro contexto, el señor conductor de la buseta se percata que estando el semáforo en verde y el taxi no arranca, debe ser que tiene una falla mecánica. Por otro lado, el señor conductor del taxi debió simplemente hacer una señal con la mano expresando que sigan su rumbo sin necesidad de alegar.

En vez de PERDER EL TIEMPO y malgastar la salud emocional del taxista, del busetero y de sus pasajeros, simplemente el conductor de la buseta se percata de lo sucedido, da reversa y sencillamente sigue su rumbo, no sin antes parar al lado del taxi y preguntar: “¿necesita ayuda señor? A lo que el taxista responde: “gracias, pero es una falla constante y se arregla en pocos minutos.”

ESE ES EL EJEMPLO DE CONVIVENCIA QUE DEBERÍAMOS TENER, sobre todo, las empresas que se encargan de impartir programas de “formación” “convivencia” y “tolerancia” como parte integral del entrenamiento hacia sus empleados. Este tipo de actividades no deben impartirse en un aula. Este tipo de programación emocional y cognitivo debe hacerse in situ, en el puesto de trabajo de cada empelado y hacerles ver las fallas en el momento que pase, en cada contacto con un prospecto o insatisfacción por parte del cliente.

Las emociones positivas incrementan las ondas electromagnéticas en el corazón y mejoran la relación mente cuerpo. Si una persona goza de equilibrio emocional, siempre está motivada y satisfecha de sí misma y disfruta de una vida social activa, realizará sus tareas eficientemente y NUNCA, repito, NUNCA tendrá episodios de intolerancia (a menos que pase por una crisis nerviosa) porque siempre usará la inteligencia emocional para responder ante cualquier eventualidad.

La fórmula de lo anterior radica en:

INTELIGENCIA EMOCIONAL: Equilibrio entre Mente + Corazón + Razón + Emoción.

Si el equilibrio entre estas 4 variables está presente en cada integrante de tu equipo de trabajo, jamás vas a tener inconvenientes de convivencia. Una persona que cuente con una salud mental estable, responderá asertivamente a cada acontecimiento que le suceda en su entorno laboral, generando como resultado algo que ganará la confianza de los clientes: EMPATÍA.

La RAE define la empatía como la “capacidad de una persona de vivenciar los estados mentales de los demás”. Palabras más, palabras menos, un vendedor, un asesor, un ejecutivo de cuenta, un conductor, un mesero, un mensajero, un celador o cualquier empleado de cualquier compañía aprenderá a “leer” el estado de ánimo de su interlocutor y lo abordará de la mejor manera para hacerlo sentir como en casa.

Para terminar, a veces quisiera que mi lindo país fuera como el que todos soñamos, pero la realidad es diferente y estamos en proceso de creación de una sociedad más tolerante, receptiva y menos dependiente de la banalidad. Recuerda, No ofendemos porque estamos enfadados, sino que estamos enfadados porque ofendemos.

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