EL DESPERTAR DEL COLOMBIANO PROMEDIO.

A veces quisiéramos que la vida nos sonriera a cada instante; que el día amanezca soleado; que las calles estén transitables y que el ambiente en el trabajo sea de camaradería, confianza y diversión.

Pero… a veces la realidad nos golpea tan fuerte que recibimos más de una “torcida de geta” en el trayecto al paradero. Hay mañanas en las que amanece haciendo tanto frío que el sólo hecho de entrar a la ducha desnudo, no amerita volver a hacer ese acto infrahumano. Por si no fuera poco, el monumental trancón que nos espera de camino al trabajo no da tregua; ahh… y las malas caras en la oficina no es que sean frecuentes: ¡a cada ratico nos siguen torciendo la boquita!

Aquel contraste de lo maravilloso y lo ordinario es algo en lo que más de uno se siente identificado.

La rutina se define como “Costumbre o hábito adquirido de hacer algo de un modo determinado, que no requiere tener que reflexionar o decidir.” Aquel acto que simplemente lo hacemos por inercia no despierta en nosotros el combustible que deberíamos tener para hacer que nuestro día a día sea totalmente diferente.

Paralelamente, en el plano empresarial sucede lo mismo. Los clientes le sonríen a las compañías cada vez que le hacen un descuento, les regalan productos o simplemente los invitan a eventos sociales con todo pago (¡ay que no les den una muestra gratis!!).

Los días amanecen soleados y también oscuros. Si son radiantes, los empleados llegan alegres y rozagantes por el sol mañanero, pero sus facciones de gozo son opacadas por la montaña de trabajo acumulado que el jefe le tiene. La palabra DESCANSO no existe y los días oscuros son mayores que los días soleados.

Los pasillos siempre permanecen desocupados cuando las cosas marchan en su total normalidad, pero, cuando es fin de mes o se aproxima la visita de pares… ¡ABUNDA EL PÁNICO! Los chismes crecen; las especulaciones sobre despidos masivos y “jalonazos” de oreja rebosan; las conversaciones se transforman en gritos de oficina a oficina, y cuando lo hacen sutilmente, la charla telefónica es un espacio para que el superior “se riegue” con aquel subordinado que está mamado del trabajo.

Por si fuera poco, el ambiente de trabajo siempre es hostil, lleno de pelusas y palabras déspotas que se botan al aire, y al que le caiga el guante… ¡tome papito!

La vida y el entorno empresarial son ecosistemas homogéneos en su naturaleza y procesamiento. Si nos levantamos con “el pie derecho”, el transcurso del día será maravillosamente productivo, así hagamos más de una embarrada. En cambio, si pisamos con el pie que no era… Santa Pacha!!

Dicen los números que el 74% de los empleados colombianos se sienten inconformes con sus trabajos. Las razones (en su orden):

  • Mal ambiente laboral
  • No hay herramientas eficientes
  • Mucha carga laboral que genera estrés
  • Falta de incentivos (materiales y emocionales)
  • Mala paga

La revista dinero, en una publicación realizada en marzo de 2014, expresó que una de las razones principales por la que los colombianos no se sentían bien en sus trabajos era por la baja remuneración económica. En su momento, lo fue. Ahora, la realidad es otra, y las personas nos movemos por un combustible llamado emoción; la misma que se percibe en el pecho cuando hacemos algo con una vaina rara llamada pasión; esa misma “llama” que aviva nuestro ímpetu y nos llena de fortaleza para sobresalir en el entorno que nos desenvolvemos y nos creemos capaces de conquistar el mundo con una sola mano.

Los números no mientes, y la interpretación que les damos, menos. Pero hay algo que es muy cierto y es esa “regla divina” que dice: “no todo en la vida es plata”. Y si señores, resulta que ese adagio ahora se evidencia en el ambiente laboral.

Personalmente, cada día deseo seguir creciendo y avanzando hacia la escalera del éxito. Si veo que me mantienen “activado” en el trabajo, me hacen sentir como una verdadera persona y me brindan el espacio para desarrollar todas mis capacidades… ¡así paguen poco, pero ahí me les quedo!

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